Si tienes un apartamento antiguo en la costa o un piso que pide una buena reforma, no hace falta que te gastes un euro en arreglarlo. Se vende como está a quien hace la obra: aquí hay muchos compradores al contado —bastantes llegan de fuera—, cierre en semanas y sin las comisiones de toda la vida.
Es lo primero que piensa todo el mundo: 'si lo dejo bonito, saco más'. A veces sí, pero echa cuentas de verdad. Poner al día un apartamento de primera línea que lleva parado desde los ochenta —cocina, baños, instalación y quizá una humedad de tanto sol y salitre— no baja de bastantes miles de euros, se te va en meses y encima no siempre recuperas lo que metes cuando lo pones a la venta.
Por eso mucha gente de aquí prefiere venderlo como está y quitarse el lío. Tú no adelantas ni un euro, no te comes la obra ni el verano perdido, y quien lo compra ya sabe lo que se lleva entre manos.
Un piso para reformar no es un piso 'malo', es una ocasión para el que sabe. En la Costa Blanca hay dos perfiles que los buscan: reformistas de la zona que compran, arreglan y vuelven a vender, y compradores de fuera —británicos, belgas, nórdicos, alemanes, franceses— que quieren su segunda residencia junto al mar y no les asusta meterle mano. Muchos de ellos pagan al contado, sin depender de un banco, así que el estado del piso no les frena.
Nosotros trabajamos justo con esa red. Valoramos tu piso con datos reales de tu zona, te traemos ofertas y cerramos rápido. Sin vaciarlo, sin pintar, sin nada.
En la provincia conviven dos mercados que no tienen nada que ver. En la costa —Benidorm, Torrevieja, Orihuela Costa, Guardamar, Dénia, Xàbia, Calp, la Vila Joiosa, Santa Pola— manda la demanda internacional y la temporada: el mismo apartamento se mueve distinto en junio que en noviembre, y la primera línea juega en otra liga.
Tierra adentro —Elche, Alcoi, Villena, Ibi, Novelda— el comprador suele ser de aquí y para vivir todo el año, y los números son otros. Por eso no me fío de las valoraciones 'de oído': lo que vale tu piso depende mucho de en cuál de esos dos mundos esté.
El apartamento de la playa que era de tus padres o tus abuelos, con la cocina y los baños de toda la vida. Algo que has heredado y en lo que no piensas ni vivir ni meter una obra. O esa segunda residencia que ya casi no pisas, se ha quedado anticuada y prefieres soltarla sin complicarte.
En todos esos casos la salida más cómoda es la misma: venderlo en el estado en el que está y que la reforma sea problema del que lo compra.

Soy Jesús, fundador de RadarPro. En la Costa Blanca me cruzo cada semana con apartamentos que la gente da por perdidos porque están anticuados o piden obra, y es mentira que no valgan nada: aquí se buscan un montón, sobre todo entre compradores de fuera que pagan al contado y no les da miedo reformar. Te doy el valor real, sin inflarlo para engancharte, y si decides vender, mi red te compra el piso como esté. Del papeleo nos encargamos nosotros.
Jesús — RadarPro
No, y en la costa casi nunca compensa. Una reforma te cuesta dinero y meses, y no siempre recuperas lo invertido en el precio de venta. Lo normal aquí es venderlo como está a quien va a hacer la obra.
Reformistas de la zona que arreglan y revenden, y muchísimos compradores extranjeros que buscan segunda residencia junto al mar. Un buen puñado paga al contado, así que el estado del piso no les echa para atrás. Es justo el perfil de nuestra red.
Sí. No hace falta ni vaciarlo ni arreglar nada. Se vende en el estado en el que está, con lo que haya dentro.
Menos de lo que crees. El comprador descuenta el coste de la obra, pero tú te ahorras ese gasto, los meses de reforma y el susto de que aparezca una sorpresa. En neto, muchas veces sale igual o mejor.
Por la vía de siempre, meses. Con compradores al contado, semanas: no dependen de un banco ni te ponen pegas por el estado del piso.
Nada. Es gratis y sin compromiso: metes cuatro datos y ves el rango real de tu zona al instante, esté el piso en la costa o en el interior.
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